03 dic 2013

Aprovecho la viñeta de hoy para hacer una pequeña reflexión personal sobre qué es lo que ha pasado, pasa y, presumiblemente, tendrá que pasar con la televisión valenciana.

Una cosa tiene que estar clara, es necesario un medio público de radiotelevisión no porque tenga que dàrsele salida a las noticias generadas en el territorio o que afectan el territorio (que también) sino porque es imprescindible para normalizar y potenciar el idioma. Somos la única autonomía con lengua propia que no dispone de su televisión y radio públicas.

El modelo que han usado PP y PSOE cuando han tenido las riendas de Canal 9 ha sido totalmente un desastre. Los dos, sí los dos, han hecho lo que les ha venido en gana. Sólo recordar la etapa de Amadeu Fabregat como director general, bajo la presidencia de Joan Lerma, con la kafkiana prohibición de palabras, por sonar a catalán; Notícies 9 que parecían álbumes de fotos de la familia socialista dominante del momento; el poco respecto al valenciano en series de ficción, películas y en horario de máxima audiencia y la presencia de Rafael Blasco cada dos por tres.

Al llegar el PP a la Generalitat, Eduardo Zaplana hizo y deshizo lo que quiso y por eso se sirvió del talento de Jesús Sánchez Carrascosa. Eran los tiempos del famoso perfil malo del Molt Honorable prohibido en pantalla o la etapa de modelos y antiguas falleras mayores enchufadas directamente al ente público por obra y gracia del ex alcalde de Benidorm. Años de disparate continuados por Olivas, el breve, quien no necesitó controlar tanto el sarao porque, además de la transitoriedad en el cargo, ya había puesto los ojos sobre Bancaja (de eso habrá que hablar pero en otro momento) y Francisco Camps con los contratos millonarios firmados con equipos de fútbol, la Fórmula 1 o la visita del Papa. Y no se me olvidaba, la presencia de Rafael Blasco cada dos por tres.

Tanto en el periodo socialista como en el popular campaba por sus fueros la manipulación informativa y para manipular tiene que contarse con la inestimable colaboración de los profesionales del medio. De esta manera quienes fueron privilegiados en la etapa socialista quedaron postergados a tareas secundarias durante la popular; relegados en al segundo canal autonómico (dónde, por cierto, algunos hicieron trabajos excepcionales) o al rincón de los castigados, haciendo fotocopias. El partido gobernante en el Consell ha utilizado, costara lo que costara al bolsillo del contribuyente, Canal 9 para mantenerse en el poder y es por eso que había una plantilla superior al total de las televisiones privadas españolas, con el visto bueno de los periodistas que en ningún momento osaron quejarse de la manipulación que recibían: ¡Bendita nómina que llegas todos los meses a la cuenta corriente!

Ojo. No quiero decir que la culpa del disparate sea de los trabajadores. Quien no habría hecho en su lugar lo mismo dado el panorama social y profesional?

Y en estas llega Fabra. Alberto, el Fabra “bueno” (el otro es el chorizo), colocado a dedo por el propio Rajoy después de que Camps huyera. Tiempo de déficit y crisis en que hay que aplicar la tijera a la política. La tele estaba sobredimensionada, se hace necesario un ERE. Así, durante meses, se ha ido despidiendo el personal (a Rafa Blasco también, a pesar de que por otros motivos) pero no a todos. Quedaron unos 600, suficientes para cumplir con la voluntad de Presidencia y hasta el día en que Fabra anunció que la tele se cerraba con la nulidad del expediente, nadie dijo nada.

Las últimas semanas han sido los días de la revuelta y el #RTVVnoestanca. Lo inimaginable. Los profesionales han hecho una televisión autogestionada y creíble. Incluso un debate con todas las fuerzas parlamentarias sin restricciones y en horario de máxima audiencia. Los propios trabajadores se han rebelado y han denunciado lo que habían sufrido a lo largo de 24 años: manipulación. Y las víctimas del metro de Valencia han salido en la pantalla, como el Caso Gürtel, como la visita del Papa, como…

Lo que ha sucedido en Canal 9, ha pasado y continúa pasando en las otras televisiones autonómicas y RTVE. La manipulación no cesa ni cesará mientras los medios públicos no estén controlados por órganos independientes profesionales no vinculados a partidos políticos. La BBC marca el camino a seguir, ya sea la televisión local de un pueblo que retransmite los plenos del ayuntamiento y la fiesta mayor o la televisión de todo el pueblo valenciano que vertebra y une el territorio. Todo esto sin olvidar que tienen que ser los periodistas los primeros en aplicar criterios de información, no de alabanza al líder. Porque entre todos hemos matadfo Canal 9 unos permitiendo que fuera utilizado (mal votante, por ejemplo) y otros dejándose utilizar.

Tendremos en el futuro otra radio y otra televisión públicas valencianas. Estoy convencido que el 9 de octubre de 2015 empezará a emitir en libertad y espero informe puntualmente de las condenas (si se las ha) de toda esta gente que, como Rafael Blasco, han hecho lo que han querido con el patrimonio de todo el pueblo valenciano.

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